
Se despertó sobresaltado, el sudor brotaba de su rostro y su mente aún retenía los últimos retazos de su horrible pesadilla. La abrumadora angustia que sentía se alojaba en su estómago y percibía en sus oídos el eco desolado de sus palpitaciones resonando a través de los muelles del colchón sobre el que yacía. Intentó incorporarse sobre sus piernas, pero estas, adormecidas y sin fuerzas, le hicieron precipitarse sobre el frío y húmedo suelo. La oscuridad lo inundaba todo. Utilizando sus brazos se arrastró hasta la puerta. Alargó su brazo en busca de la manecilla, pero en su lugar, el tacto de sus dedos notó la presencia de una mano. El repentino hallazgo arrancó un grito desgarrador de su interior, asustado se echó bruscamente hacia atrás y se golpeó la cabeza. Instantáneamente, se volvió a despertar, se incorporó, encendió la luz y vio que todo había sido un sueño.
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